Las acciones violentas por las que pasa un pueblo, individuo, o sociedad desarrollan psicológicamente traumas que deben ser analizados y estudiados a fondo por los científicos sociales. En el caso colombiano, se podría decir la existencia de traumas en la actualidad de la sociedad, debido a los diferentes acontecimientos violentos y a más de 30 años de conflicto interno que el país y la sociedad en su interior han vivido. Aunque se debe resaltar que en los últimos 7 años la situación del país ha mejorado un porcentaje, es clave reconocer que aun falta mucho camino por recorrer especialmente en el caso de las víctimas del conflicto: rehenes y secuestrados. La cuestión aquí no se guía por el camino de la paz o porque métodos debe realizar tanto el Estado como la sociedad para luchar por la prosperidad y la tranquilidad del país. La cuestión es luchar por la paz y la tranquilidad pero de las personas, de las víctimas, de los heridos que fueron actores secundarios en el conflicto, en la guerra. Es necesario para lo anterior estudiar a la memoria de individuo y la sociedad, recorrer la memoria histórica.
Cuando se sufre, o se pasa por procesos violentos como en el caso de un secuestro, tanto el individuo como la sociedad quedan sumergidos en un trauma mental que debe ser explorado mediante la intervención de la memoria histórica. Es decir, es necesario identificar el pasado, la fuente de la verdad sobre lo que paso, cómo y cuándo. La búsqueda de la verdad es la principal herramienta de uso cuando se quiere explorar en la memoria de las personas, de las víctimas y la sociedad. Todas las personas que han sufrido un acto violento quieren siempre esterarse y esclarecer los hechos. Sin embargo, existe un problema que en la actualidad afecta a las víctimas del conflicto y es la mentira, el principal enemigo de la verdad. En el caso colombiano, la mentira se ha institucionalizado de tal forma que es parte de la vida cotidiana del país y de la sociedad. Los medios de comunicación se encargan de colaborar con el Estado en la medida que maquillan las noticas y otorgan otro punto de vista a la sociedad, permitiendo una mentira general la cual al ser vista por las victimas otorga no solo una pérdida de autoestima e identidad, sino a la vez una inseguridad psicológica y de confusión ya que los sucesos por los cuales pasaron han sido intercambiados. Como expresa el mismo Martin-baro:
“cuando la mentira tiene que ser asumida como forma de vida y las personas se ven forzadas a llevar una doble existencia-el caso de todos los que trabajan en la clandestinidad-, el problema se agrava, no tanto porque no se encuentre manera de formalizar y validar la propia experiencia, cuanto porque la necesidad de actuar en dos planos termina por ocasionar una confusión ética y vivencial” (1190a, p.81)
Cuando una persona ha sufrido de un secuestro o ha sido una víctima como rehén su mente queda bloqueada en el proceso y en lo que vivió en la situación. Y solo mediante un tiempo será capaz de reaccionar positivamente frente a la problemática siempre y cuando se le estudie desde la verdad. Para el secuestrado y/o rehén, la mentira es parte de su herida, de su problema y no poseerá la fuerza necesaria para dejar el temor por la seguridad en la sociedad. Es necesario por lo anterior, como actores sociales estudiar y reconocer la memoria historia de la víctima, aclarar su mente mediante la ayuda de la verdad, y esculcar en sus pensamientos el verdadero problema del trauma. Un secuestrado necesita confiar de nuevo no solo en la sociedad sino en el País en general pues ha vivido un mundo completamente diferente en donde la experiencia no ha sido productivamente positiva.
Aunque es el Estado el actor principal en la reconstrucción de la memoria historia, autoestima e identidad de la comunidad la cual ha vivido un conflicto por tantos años, es también el actor secundario como responsable de los problemas. Es de conocimiento que las guerrillas o los grupos armadas al margen de la ley comenzaron ideológicamente bien estructurados, los debidos cambios revolucionarios en su interior crearon un trauma social en general al utilizar la violencia como forma de progreso. El estado debe no solo velar por los derechos humanos de la sociedad sino a la vez por el esclarecimiento de la verdad y de la justica, pues son estos dos últimos las herramientas fundamentales para posibilitar un estudio y una reconciliación de las experiencias traumáticas por la cual tanto los secuestrado y rehenes como el pueblo y la sociedad han vivido.
La memoria histórica, es el punto de partida para entender que realmente pasa en la mente del secuestrado y el rehén. Las victimas no quieren olvidar y es aquí el gran error por el cual debe estar pensando el Estado, las victimas quieren conocer la verdad para poder poner punto final al trauma de su mente mediante la aceptación del problema, la solución y la verdad de que realmente paso y el hecho por el cual tuvieron que ser víctimas del conflicto interno colombiano. Quieren otorgarle a la sociedad el conocimiento de los hechos, dejando a un lado la humillación, la intimidación y el horror de sus experiencias traumáticas, renaciendo mediante la verdad y mediante la tarea de recordar el pasado para poder hacer del futuro y presente una experiencia mejor.
La tarea de la memoria historia en las victimas de un conflicto es reactivarlas en la vida pública de la sociedad y hacer justicia, luchar por la verdad.